Psicólogo en Tenerife - José Avelino García

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José Avelino García - Psicólogo en Tenerife

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El verdadero sexo débil es el masculino
Comienzo citando un fragmento del magnífico libro de Rosa Montero titulado “La ridícula idea de no volver a verte” en el que reflexiona sobre la vida de madame Curie y sobre la suya propia, sobre todo sobre la dolorosa pérdida de un ser querido.
El fragmento es el siguiente:
” Quiero decir que el verdadero sexo débil es el masculino. No sucede con todos los varones y no siempre, pero puestos a hablar de una debilidad genérica, los hombres se llevan la palma. Y, en cualquier caso, nosotras les creemos débiles y les tratamos, por consiguiente, con unos miramientos y una sobreprotección alucinantes. Tal vez sea cosa del instinto maternal, que es una pulsión sin duda poderosa, pero el caso es que a menudo mimamos a los hombres como si fueran niños y mantenemos un cuidado exquisito para no herir su orgullo, su autoestima, su frágil vanidad. Nos parecen inmaduros, precarios, infinitamente necesitados de atención, admiración y aplauso”.
Algo así llevo yo pensando desde hace ya unos cuantos años. ¿Qué cómo he llegado a pensar así? Pues en buena parte observando a mi compañera a lo largo de toda una vida. Y observándome a mí. Durante larguísimos periodos de nuestra convivencia me cuidó como si yo fuese un inútil (lo era). Escuchó, con una paciencia infinita, cómo yo soñaba despierto con conquistar metas que no estaban al alcance de mis manos. Cuidó mi cuerpo. Cuidó mi mente. Me aplaudió…, es decir, creo que hizo lo que expresa Rosa Montero de manera tan certera.
Copio otro fragmento que no tiene desperdicio:
“Cuántas veces mentimos las mujeres a los hombres; en cuántas ocasiones fingimos saber menos de lo que sabemos, para que parezca que ellos saben más; o les decimos que les necesitamos para algo, aunque no sea cierto, sólo para hacerles sentir bien; o les adulamos descaradamente para celebrar cualquier pequeño logro. Y hasta nos resulta enternecedor constatar que, por muy exagerada que sea la lisonja, nunca se dan cuenta de que les estamos dando coba, porque en verdad necesitan oír esos halagos, como esos adolescentes que precisan de un apoyo extra para poder creer en sí mismos. Sí: son capaces de ir al frente a combatir en guerras espantosas; de arriesgar la vida subiendo al Everest; de atravesar selvas procelosas para encontrar las fuentes del Nilo; pero, en lo emocional, en lo sentimental, en la realidad de cada día, los hombres nos parecen francamente débiles”.

También llegué a pensar como lo hace Rosa Montero escuchando las historias que muchas mujeres me han ido contando al confiar en mí como terapeuta. Algunas de esas historias están grabadas en mi mente a fuego. Me quedaba con la boca abierta comprobando con que entereza se enfrentaban a las penalidades de la vida. Y me decía a mí mismo: “Si hubieras vivido una mínima parte de lo que te acaban de contar hace años que estarías muerto”. Mujeres humildes, en las que no te fijas al cruzarte por la calle. Mujeres que, en muchos casos, tuvieron que cargar con sus inmaduros maridos.
¿Y en cuanto a la fuerza física?
Parece que los hombres, en general, no son más fuertes que las mujeres en todos los aspectos físicos.
Según una investigación llevada a cabo en la Universidad de Colorado las mujeres son capaces de soportar mejor ciertas pruebas de resistencia que los hombres. Eran pruebas de bajo esfuerzo como mantener el brazo extendido, o contraer ciertos músculos.
También las mujeres salen ganado en las pruebas de ultra resistencia debido a que queman más grasas cuando mantienen un esfuerzo sostenido y menos hidratos de carbono.
Estereotipos de género
Las anteriores opiniones, y otras más que podrían añadirse, chocan de frente con los estereotipos de género, es decir, chocan contra ese conjunto de creencias compartidas socialmente acerca de las características que poseen hombres y mujeres y que se suelen aplicar de manera indiscriminada a todos los miembros de uno de estos dos grupos.
Según las investigaciones de la Psicología Social, en la sociedad española los rasgos que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en un hombre son los siguientes:
• Atlético, deportivo
• Personalidad fuerte
• Desea arriesgarse, amante del peligro
• Agresivo, combativo
• Actúa como líder
• Individualista
• Duro
• Egoísta
En cambio, los rasgos estereotípicamente femeninos son:
• Cariñosa
• Sensible a las necesidades de los demás
• Comprensiva
• Compasiva
• Cálida, afectuosa
• Tierna, delicada, suave
• Amante de los niños
• Llora fácilmente
• Sumisa
La influencia de los estereotipos de género
Esta influencia es tan poderosa que desde que oímos hablar de alguien como hombre o mujer le atribuimos de manera casi automática las características enumeradas en las dos listas anteriores, según le corresponda.
Pero esas características no sólo se encargan de describir como son los hombres y las mujeres según el estereotipo cultural, sino que también están indicando las características que se consideran deseables y que, por tanto, se espera que posean los hombres y mujeres.
Y lo peor de todo es que si no te comportas como se espera según seas hombre o mujer te puede acarrear graves sanciones sociales.
Efectos de los estereotipos de género
El sexismo hacia las mujeres
Es evidente que los estereotipos de género contribuyen poderosamente a justificar la discriminación hacia las mujeres.
Y tenemos que ser cautos a la hora de pensar que esta discriminación ha desaparecido o está casi a punto de desaparecer. Porque lo que pasa es que, como en la actualidad la discriminación abierta ya no es legal y, además no está bien vista, ahora se manifiesta a la chita callando.
Y una de esas nuevas formas de manifestarse la discriminación hacia las mujeres es lo que se ha llamado en la psicología social como sexismo benevolente, en contraposición al sexismo hostil ( este es el tradicional, basado en una supuesta inferioridad de las mujeres).
El sexista benevolente expresa un deseo de cuidar de las mujeres, protegerlas, adorarlas y “situarlas en un pedestal”. Es decir, predomina un tono afectivo positivo y conductas de apoyo, pero detrás de esas actitudes está de nuevo una manera limitada de ver a las mujeres.
Discriminación hacia los hombres
También los hombres sufren discriminación por motivos relacionados con el género. Por ejemplo, cuando los padres se separan, la ley asume que es la madre la que cuidará y protegerá al hijo.
No debemos pasar por alto cómo las características estereotípicas atribuidas tradicionalmente a hombres y mujeres convierten en “más aptas” a estas últimas para el cuidado de los hijos.
Otro caso paradigmático lo constituye la Ley Integral contra la Violencia Doméstica. Esta ley adopta medidas que suponen mayor penalización para los hombres que para las mujeres por la misma conducta.
De nuevo los estereotipos de género favorecen la percepción de una mayor debilidad y vulnerabilidad de las mujeres que, en este caso, perjudica penalmente a los hombres.

¿Cuál es tu opinión sobre este asunto de los estereotipos de género? ¿Crees que existe un sexo débil?

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