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18 Ene

Ansiedad y sexo: como el agua y el aceite
La ansiedad es la principal enemiga de la sexualidad.
La ansiedad es la responsable de muchas eyaculaciones precoces y de no menos impotencias.
Y si aspiras a controlar tu eyaculación para poder prolongar tus encuentros amorosos cuanto quieras, también te conviene que aprendas a mantener a raya a tu ansiedad.
(Como puedes ver me estoy dirigiendo mentalmente a un supuesto lector varón; aunque sé por experiencia que son más las mujeres que los hombres las que se interesan y quieren aprender sobre estos asuntos de la impotencia y de la eyaculación precoz. El motivo parece evidente. Así que también me dirijo a ti, mujer, ya que estas reflexiones te pueden resultar muy útiles.)
Veamos cómo afectan las tensiones psicológicas a la sexualidad masculina.
Empecemos por entender cómo funciona la erección del pene.
Provocar una erección
Cuando el pene está fláccido la presión de la sangre en su interior es menor que en el resto del cuerpo.
Para que la presión dentro del pene se iguale a la del resto del cuerpo es imprescindible que se abran infinidad de válvulas que permitan que entre la sangre.
Puesto que la erección la provoca una distensión de las válvulas que regulan la entrada de sangre al pene, el estrés y las tensiones nerviosas (como las que provoca el miedo al fracaso, por poner un ejemplo) la inhibirán.
Solo la relajación permite el aflujo de sangre que endurece el pene, y por ello la relajación debe durar lo que dure la erección.
Es decir, la erección comienza con una relajación.
La impotencia
La impotencia está causada generalmente por la ansiedad.
Para evitar la impotencia conviene relajarse.
Durante la excitación sexual el pene se llena de sangre y eso es lo que hace que aumente de tamaño y de dureza.
Y la mayoría de las erecciones tienen que ver con una estimulación cerebral relacionada con nuestra psicología.
Así que podemos decir que la casi totalidad de las impotencias y de las eyaculaciones precoces tienen una causa psíquica y no fisiológica.
Mantener la erección
La sangre que hace que el pene se levante es retenida gracias a la contracción de varios músculos, entre ellos los que participan en la eyaculación. Esos músculos son los que mantienen durante un tiempo la erección.
Después de la eyaculación, o si cesa la excitación por otras causas, esos músculos se relajan y el pene se vacía.
Unión sexual satisfactoria: dos condiciones aparentemente contradictorias
Por un lado es imprescindible una potente y prolongada erección lo que implica una intensa estimulación erótica.
Por otra parte conviene que esa excitación no sobrepase un límite que te haga eyacular.
Dicho en términos fisiológicos: el sistema nervioso parasimpático provoca y mantiene la erección. Este sistema es el mismo que hace más lentos los latidos del corazón y la respiración, dilata los vasos sanguíneos, etc.
Y el sistema nervioso simpático es el responsable de la eyaculación.
También están las erecciones que tienen lugar durante la noche y que tienen un origen puramente reflejo, es decir, el erotismo no tiene nada que ver en su ocurrencia.
Una curiosidad. Salvo muy raras excepciones, cada noche, cada hombre tiene al menos cinco erecciones completas. El pene del durmiente se levanta durante 25 minutos cada 84 minutos (esto según unos investigadores alemanes) y siempre durante la fase REM del sueño, es decir, mientras están soñando. Estas erecciones nocturnas no están relacionadas con el contenido del sueño.
¿Qué tienen en común la impotencia y la eyaculación precoz?
La excesiva excitación del sistema nervioso simpático debida a la ansiedad.
Imagina la siguiente situación:
Encuentras una pareja muy deseable sexualmente.
Si se te pasa por la cabeza que puede que no estés a la altura de las circunstancias eróticas eso hará que tu sistema simpático se active más de lo deseable.
Tu corazón comienza a latir más deprisa, tu respiración se hace más corta y rápida.
Lo anterior frena la acción de tu sistema parasimpático, que como ya hemos visto, es el encargado de provocar y mantener una buena erección.
El resultado temido es que tu pene permanece desinflado; o que eyaculas incluso antes de la penetración.
Un fallo esporádico como el que hemos estado imaginando no tiene ninguna consecuencia, pero predispone a que la próxima vez que tengas un encuentro sexual te acuerdes de ese fallo y tu ansiedad aumente volviendo a provocar el fallo temido.
Y la ansiedad se puede hacer crónica.
¿Qué hacer?
Tu acompañante puede colaborar si te ayuda a calmarte, a relajarte, si no le da importancia a tus dificultades.
Tu puedes ayudarte a ti mismo respirando abdominalmente de manera lenta y profunda, lo que hará que tu sistema parasimpático tome el relevo y se dedique a abrir las compuertas que permitirán la ansiada erección.
La eyaculación precoz
Ya sabemos que depende del sistema simpático.
Cuando llegas al punto límite el sistema simpático avisa a las glándulas seminales para que se preparen para expulsar el esperma que se ha acumulado durante la excitación sexual.
Si sobrepasas el punto límite hará que se contraigan con gran fuerza los músculos de la base del pene desencadenando la eyaculación.
Conclusión
Para mantener a raya la impotencia tienes que tranquilizar el sistema simpático.
Para controlar la erección y para posponer la eyaculación conviene que estimules el sistema parasimpático.
¿Cómo conciliar lo aparentemente inconciliable?
Si controlas la respiración puedes activar el sistema parasimpático.
¿Qué quiero decir con controlar la respiración?: Pues ser consciente de ella, hacerla más lenta, más profunda.
Y esa manera de respirar conviene que la adoptes desde el principio de tu encuentro amoroso hasta el final.
Para evitar que el sistema simpático se dispare procura que tus movimientos, mientras haces el amor, sean armoniosos, que se acoplen al ritmo de tu compañera. Es decir, procura evitar movimientos espasmódicos, fuertes sacudidas.
También te puede ayudar el sonreír, lo que te evitará hacer muecas crispadas.
Como te decía hace un rato, trata de ser consciente de tu respiración durante todo el encuentro amoroso, pero especialmente importante es que lo seas cuando te acercas al punto límite, el punto que, si lo sobrepasas, desencadenará una eyaculación.
Cuando te acerques al punto límite mantente en calma y concentra tu atención en lo que estás viviendo, siempre pendiente de tu respiración.
Lo habitual es que tu respiración y los movimientos coitales se sincronices de la siguiente manera: cuando empujas, espiras; cuando te retiras, inspiras.
Puedes seguir con esa sincronización mientras navegas por aguas tranquilas.
Pero cuando quieras evitar una eyaculación inminente te recomiendo invertir ese ritmo espontáneo: espira en la retirada e inspira cuando entres.
La otra opción es mantener una respiración muy lenta y profunda. Cada inspiración abarcará varios vaivenes seguidos; y lo mismo con la espiración.
Puedes alternar ambas opciones.
Por supuesto, cuando se haga imprescindible parar para evitar la eyaculación, respira lenta y profundamente.
Los músculos del pene
Hay músculos en el pene endurecido que lo acercan al cuerpo tirando de él hacia adelante y hacia arriba.
Cuanto más potentes sean esos músculos, con más energía se levantará el pene, pero también, como lo envuelven por la base, contribuyen a retener la sangre dentro del pene, lo cual mantiene la erección.
El único medio infalible para fortalecerlos es el ejercicio.
Los contactos sexuales frecuentes y prolongados los tonifican extraordinariamente.
Aunque se pueden entrenar en cualquier lugar y situación.
La práctica básica consiste en contraer los músculos del ano y los músculos del pene.
Si tienes una erección a medias verás con facilidad el efecto de la contracción de esos músculos: el pene se levanta.
Al principio de la práctica todos los músculos de la zona reaccionan en bloque. pero mediante la concentración y el entrenamiento podrás contraer los músculos del pene sin que lo hagan los del ano.
El ejercicio consiste en hacer varias contracciones cortas seguidas de relajaciones. Intercala algunos momentos de descanso antes de emprender otra serie de contracciones-relajaciones.
También puedes contraer la zona mientras inspiras y relajarla mientras sale el aire de tu cuerpo.

Espero que estas reflexiones te ayuden a tener una vida sexual más satisfactoria y plena.

Si te apetece aportar tu punto de vista, hazlo: será un placer conocerlo.

Y no olvides que puedes contar con mi ayuda como psicólogo en Tenerife o de forma online.

 

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