El mapa que necesitaba

Por qué llevo años construyendo una teoría integradora de la psicología y qué he aprendido en el camino


Hay una pregunta que me hace cada cierto tiempo algún paciente nuevo, generalmente en la primera o segunda sesión, cuando ya ha empezado a entender que no voy a seguir un único protocolo de manera estricta:

«¿Y usted qué enfoque utiliza?»

Durante años contesté con una respuesta técnica correcta pero un poco insatisfactoria: «Trabajo desde una perspectiva integradora.» Lo cual es verdad, pero dice poco. Un poco como responder «cocino con fuego» cuando alguien te pregunta cómo preparas la cena.

Lo que hay detrás de esa respuesta —la razón por la que trabajo así, el andamiaje teórico que sostiene cada decisión clínica— es algo que llevo elaborando, revisando y ampliando desde hace muchos años. Y hace poco, con la ayuda de una inteligencia artificial, lo he puesto finalmente por escrito.

Este artículo es la presentación de ese trabajo. Y también es la explicación de por qué creo que hacía falta.


El problema que nadie nombra

Existen en la actualidad más de cuatrocientas formas distintas de psicoterapia.

Cuatrocientas.

Cada una con su vocabulario propio, sus técnicas específicas, sus maestros fundadores y sus estudios de respaldo. Cada una convencida, en mayor o menor medida, de que su manera de entender el sufrimiento humano es la correcta o al menos la más útil.

Para el paciente que entra por primera vez a una consulta de psicología, este paisaje es desconcertante. ¿Cognitivo-conductual? ¿Psicodinámico? ¿Humanista? ¿Sistémico? ¿Qué significa cada cosa? ¿Importa la diferencia?

Para el clínico que lleva años trabajando, el problema es distinto pero igual de real. Porque con el tiempo uno descubre que las personas no son «un caso conductual» ni «un perfil psicodinámico». Son seres humanos completos, con historia, con cuerpo, con relaciones, con valores y con heridas. Y ninguna escuela, por rica que sea, los contiene enteros.

Abraham Maslow lo dijo con más gracia de la que yo podría: «Si solo tienes un martillo, todo te parece un clavo.»


Lo que me pasó a mí

Cuando empecé a ejercer como psicólogo tenía una formación bastante amplia pero, como casi todos, algunos marcos teóricos más arraigados que otros. Los primeros años me esforcé mucho en ser coherente: en no mezclar lo que no se debía mezclar, en respetar los límites de cada modelo.

Pero la clínica real es terca. Las personas no encajan en los libros de texto. Y yo empecé a notar que en determinados momentos una herramienta de la Terapia de Esquemas iluminaba algo que ninguna técnica cognitivo-conductual hubiera podido ver. Que en otros, el trabajo con el cuerpo del Focusing llegaba donde las palabras no alcanzaban. Que la Terapia Narrativa de White y Epston hacía algo con la identidad del paciente que ningún análisis de pensamientos automáticos podría replicar.

No era eclecticismo desordenado —coger técnicas al azar de aquí y allá sin criterio—. Era la sensación de que todas estas tradiciones estaban describiendo el mismo territorio, pero desde distintos ángulos, con distintos idiomas.

La pregunta que me fue obsesionando con el tiempo es: ¿hay un mapa que las contenga a todas?


El intento de respuesta

Lo que he construido —y que puedes descargar al final de este artículo— es un intento de ese mapa.

No es un protocolo de tratamiento. No es una nueva escuela de psicoterapia con nombre propio. Es un documento de trabajo personal: una síntesis teórica que intenta identificar los ejes fundamentales del funcionamiento psicológico humano y mostrar cómo las distintas corrientes terapéuticas —la Terapia de Esquemas, el Psicoanálisis relacional, el Análisis Transaccional, el Mindfulness, el Focusing, la Terapia Existencial, ACT, la Terapia Narrativa, la CFT, la Terapia Cognitivo-Analítica, entre muchas otras— son aproximaciones válidas a distintos aspectos de esos mismos ejes.

La estructura del documento refleja cómo entiendo el proceso terapéutico. Hay una sección sobre los fundamentos filosóficos que sostienen la propuesta —por qué entiendo al ser humano como un sistema complejo, qué significa trabajar desde el constructivismo, cómo integro la neurociencia del afecto—. Hay un mapa del psiquismo: la naturaleza plural del yo, el origen evolutivo del sufrimiento, cómo se forman las heridas y los patrones de carácter. Hay una sección sobre lo que llamo los tres tiempos del yo —pasado, presente y futuro— y cómo cada uno requiere un tipo distinto de trabajo terapéutico. Y hay una propuesta de proceso clínico integrado: cómo organizo en la práctica todo lo anterior.

Es un documento largo, técnico en algunos momentos, y escrito principalmente para colegas o para pacientes con curiosidad por entender el enfoque desde el que trabajamos juntos. No pretende ser una lectura ligera.


Lo que aprendí escribiéndolo

Hay algo que ocurre cuando intentas poner por escrito aquello que normalmente vive solo en la práctica: descubres lo que realmente piensas.

Algunas cosas que creía haber integrado resultaron estar mucho menos digeridas de lo que pensaba. Algunas conexiones entre tradiciones que intuía vagamente se volvieron, al escribirlas, sorprendentemente claras. Y hubo momentos en que la coherencia que buscaba se resistía, y tuve que sentarme con esa incomodidad sin resolverla forzosamente.

Una de las decisiones que más me costó fue incluir una sección sobre la validación científica de las distintas corrientes. Es un tema incómodo en el mundo de la psicoterapia: no todo lo que funciona clínicamente está igualmente respaldado por ensayos controlados, y no todo lo que tiene respaldo empírico sólido produce los efectos más profundos en los pacientes más complejos. Decidí ser honesto al respecto, aunque esa honestidad dejara algunas de mis herramientas favoritas en una posición algo incómoda.

Creo que esa honestidad es también parte del trabajo.


Un mapa, no el territorio

Korzybski, el lingüista al que Bateson y los constructivistas deben tanto, dejó una frase que me ha acompañado desde que la leí: «El mapa no es el territorio.»

Lo que he construido es un mapa. Útil, espero, para orientarse. Incompleto, sin duda, porque ningún mapa puede serlo todo. Y provisional, porque cualquier buena teoría debería estar dispuesta a revisarse a la luz de la experiencia.

Si lo lees y encuentras algo que te interpela, algo con lo que no estás de acuerdo o algo que quisieras explorar más, me alegra saberlo. Eso también forma parte del proceso.


Descarga el documento completo aquí: Hacia una Psicología Integradora. Teoría Unificada del Funcionamiento Psicológico y el Cambio Terapéutico

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