La imaginación viaja rápido

Voy a tomar un cortado a la plaza del quiosco; pero antes de que mi cuerpo llegue a la terraza y allí se siente bajo los árboles a saborear el café y la luz y la conversación con algún amigo; mi imaginación ya llegó corriendo y se tomó el café de un trago(se quemó), subió la cuesta con la lengua fuera (por el esfuerzo y por la quemadura) y se sentó de nuevo ante este papel en el que escribo.
Y, ahora, ¿qué hago? Si bajo a la plaza, es como si fuera a ver una película que alguien me hubiera contado minuciosamente. ¿Merece la pena? Y como la imaginación viaja a la velocidad de la luz, mi cuerpo nunca podrá ganar la carrera. Tendré que vivir siempre conociendo el final.
     —Convence a tu mente de que se mueva a la velocidad de la carne; como si fuese el guía de un elefante.
     —A la mínima se perdería en la selva. Saltaría por las ramas como un mono excitado.
     —Ponle un cebo; una zanahoria, por ejemplo.
     —No es un conejo.
     —Sólo es un ejemplo. Dale algo que la entretenga y así se quede en casa.
     —¿Algo así como la televisión? No puede ser. Ya lo he probado y el cuerpo se siente abandonado. Amenaza con pedir el divorcio. Dice que, total, para         la vida que lleva, más le valdría estar solo.
     —Pues entonces que le preste atención al cuerpo.
     —La mente argumenta que el organismo es muy aburrido; que sólo quiere dormir, comer y cagar (con perdón, pero es así como lo dice        exactamente). Que está plagado de achaques y, por si fuera poco, que además se muere.

     —Ella también se morirá cuando lo haga el cuerpo.
     —Está convencida de que irá al cielo.
     —Tengo que reconocer que lo veo complicado.
    —Y tanto. Esto, como mínimo, acaba en neurosis.

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