Psicólogo en Tenerife - José Avelino García

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José Avelino García - Psicólogo en Tenerife

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Algunos consejos

Si notas que tu hijo no te hace ni caso cuando le haces una petición o le das una orden, prueba a seguir los siguientes consejos:

1.       Háblale tranquilamente, sin gritar.

2.       Procura mirarle a los ojos cuando le hablas, por supuesto, conviene que estés en la misma habitación que él. Eso de gritarle desde un extremo de la casa, que no se olvide de coger el desayuno antes de ir al colegio, no funciona muy bien (además de molestar a los vecinos y jugarte la salud de tu garganta).

3.       Procura establecer un ligero contacto físico con él, como ponerle una mano sobre el hombro, o en caso de necesidad, sujetándole la cara para asegurarnos de que te está mirando y se entera de lo que le dices.

4.       Haz peticiones cortas, concretas y fáciles de entender.

5.       No las hagas en forma de preguntas o sugerencias, ya que puedes dar pie a que el niño no las cumpla. Si le dices “¿Te importaría hacer la cama?” el niño te puede responder que sí, que le importaría, y no hacerla.

6.       No le des muchas instrucciones a la vez, eso lía a cualquiera. De una en una y con suficiente tiempo como para que las cumpla.

7.       Si las órdenes que le das al niño entran en contradicción con otras que le has dado anteriormente o con las que le ha dado otro adulto, la has fastidiado. Conviene, por tanto, apoyar siempre las órdenes dadas por tu pareja.

8.       Suele funcionar muy bien decirle al niño “Si haces esto entonces ocurrirá aquello” Por ejemplo: Si entretienes a tu hermano pequeño mientras acabo de hacer la cena te leeré doscientas páginas de tu libro favorito (El Quijote) antes de dormirte.

Premios y castigos

Ahora voy a tratar el asunto de los premios y los castigos.

A todos nos pasa que, si después de hacer algo obtenemos una consecuencia positiva, tendemos a repetir esa actuación. Así que si queremos que nuestro hijo haga algo que por su propio pie no hace, no tenemos más que darle una recompensa después de hacerlo. Es lo que en psicología se llama reforzador.

Ahora la cuestión es qué tipo de premios son los más potentes.Veamos los que hay.

En primer lugar nos encontramos con los reforzadores materiales, es decir, las recompensas que tienen una realidad física: juguetes, comida, bebidas, etc.

Estos premios funcionan muy bien al principio, pero tienen el inconvenente de que el niño rápidamente se cansa de ellos, y más en el mundo en el que vivimos en el que los niños suelen tener de todo, y normalmente sin tener que hacer ningún tipo de esfuerzo para conseguirlo.

También están los reforzadores sociales: sonrisas, alabanzas, comentarios agradables, etc.

Estas recompensas son muy potentes y además los niños no se cansan de ellas.

Conviene que siempre que des un premio material a tu hijo vaya acompañado de un reforzados social como una sonrisa.

Y por último podemos administrar reforzadores de actividad.

Cuando el niño haya hecho lo que le pides le permitirás hacer inmediatamente después la actividad agradable que le gusta.

Para que las recompensas sean eficaces

Después de esta pequeña dosis de teoría, sigo con las consejos prácticos. En este caso la cuestión que intento aclarar es cómo conseguir que las recompensas resulten eficaces. (Sigo con el sistema de numerar los consejos en buena parte porque puede facilitar que, si luego queréis comentar algún detalle de este artículo, sea más fácil decir, por ejemplo, a mí el punto nº 2 de los reforzadores me parece una tontería.

1.       Elige qué premios materiales, sociales o de actividad vas a utilizar con tu hijo para recompensar sus comportamientos adecuados. Por supuesto, conviene que los premios sean del gusto del menor.

2.       Decidle a vuestro hijo qué conductas van a ser premiadas y cuáles van a ser esos premios.

3.       El premio conviene que lo entregues justo después de que el niño haya cumplido su parte. Si le dices,” si ordenas tu cuarto, cuando vayas a la universidad te regalaré una moto” probablemente no surta mucho efecto. Además, nunca le des el premio sin que el haya hecho lo acordado.

4.       Para no aburrir al niño, cambia frecuentemente las recompensas.

5.       Conviene que todos los adultos que tienen un cierto trato con el niño se pongan de acuerdo para seguir los mismos criterios a la hora de reforzar al niño (cosa, a veces, realmente difícil). Si tú como padre le dices al niño que no podrá comerse una galleta que le gusta mucho hasta que haya conseguido comer en menos de media hora, y el niño consigue esas galletas sin ningún esfuerzo cuando va a casa de los abuelos, pues te resultará muy difícil salirte con la tuya.

6.       Al principio, cuando el niño está aprendiendo la nueva conducta, conviene que le premies siempre que haga lo acordado. Poco a poco, según se convierte en un hábito para el niño, conviene que retiréis paulatinamente el reforzador, es decir, le darás el premio intermitentemente.

Por hoy creo que ha sido suficiente. Tengo la impresión de haber dado demasiadas instrucciones. Eso sí, como sabes leer, puedes “beberlas” a sorbitos. 

 

Un abrazo.

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