¿Puedo contar contigo cuando te necesite?

niños y adultos

Buscamos un refugio

Me propongo señalar algunas características comunes entre la relación de un niño y la persona que lo cuida y las relaciones de amor entre adultos. O dicho de otra manera, señalaré que algunas necesidades básicas perduran toda la vida.

Seamos niños o adultos a todos nos gusta tener a alguien cercano en el que poder confiar. Alguien que nos preste atención y esté abierto emocionalmente.

Y cuando tenemos la suerte de tener ese tipo de vínculo, entonces somos más felices, y estamos más dispuestos a arriesgarnos en el “mundo exterior”, y disponemos de más recursos para enfrentarnos a los inevitables conflictos que nos proporciona generosamente la vida.

Pero si esa figura que representa la seguridad se muestra distante o nos rechaza, aparece la ansiedad, y la preocupación se convierte en una pesada carga que nos dificulta enormemente la exploración del mundo.

Niños y adultos: cosas en común

Niños y adultos buscamos el contacto con esa persona que es como un refugio para nosotros.

Caricias, abrazos, besos. Especialmente buscamos ese contacto cuando nos sentimos enfermos, o temerosos, o tristes. ¡Lo bien que sienta en esos momentos un abrazo o una muestra de ternura! Y lo tristes que nos ponemos cuando nos separamos o perdemos el contacto con esa persona: el temor que nos invade.

Por el contrario, el encuentro es una fiesta, un alivio (si es que se abrigaban dudas sobre si volveríamos a reunirnos).

También tenemos en común niños y adultos el gusto por compartir experiencias y regalos con esa persona especial para nosotros.

Nos miramos largamente; exploramos una y otra vez los rasgos del otro. Nos arrullamos y cantamos.

Pero cuando esa relación sufre algún tipo de trastorno sentimos una gran tristeza y nos hacemos más vulnerables a las enfermedades y dificultades físicas y psicológicas.

Esa relación es como si fuese un escudo protector.

Niños y adultos: diferencias

Ahora quiero señalar algunas diferencias entre la relación que entablan los adultos y los niños con esa figura que representa un refugio.

Los niños tienen más necesidad de contacto físico con esa persona tranquilizadora.

Los adultos podemos llevar con nosotros una representación mental que, en momentos de apuro, nos consuele y tranquilice casi tanto como si estuviese presente la persona en la que confiamos.

El sexo entre adultos sirve para cimentar esa relación reconfortante. La oxitocina, llamada la hormona del abrazo, se libera durante la lactancia y durante el apasionamiento sexual.

Otra diferencia consiste en que las relaciones entre adultos son más recíprocas.

Entre niños y sus figuras protectoras, les toca a estas últimas tomar la iniciativa.

Entre adultos es una responsabilidad compartida.

Necesitamos ser apreciados

Y para terminar quiero señalar que tal vez mucho sufrimiento en las relaciones más íntimas pueden tener que ver con la ausencia de apertura, la falta de interacciones receptivas.

Todos tenemos necesidad desde que nacemos hasta el último aliento de nuestra vida de ser apreciados, queridos, cuidados. Y cuando esas necesidades quedan insatisfechas surgen los conflictos.

Fomentemos vínculos seguros.

Seamos más receptivos a las necesidades de los seres queridos; a esas necesidades que todos tenemos .

Entonces estaremos más preparados para explorar, para resolver problemas, para cambiar.

Y por supuesto, más caricias, abrazos y besos.

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