El abusador y la traición

Abusador

La seducción

En muchas ocasiones el abusador es una persona en la que confía la niña (Quiero aclarar que lo que digo sobre las niñas es igual de válido para los niños. Prefiero hablar en femenino porque es más frecuente que las víctimas de abusos en el ámbito familiar sean las niñas.)

Alguien que la convence paulatinamente, que le hace creer que las caricias que recibe son muestras de lo mucho que la quiere. Le hace creer que es muy especial, que la relación entre ellos es única y que nadie tiene que saber el secreto que comparten.

Esta seducción puede producirse lentamente, con  pequeños avances que no despiertan las alarmas de la niña.

Hasta es posible que la niña entienda que esas cosas que hace con el abusador son cosas que hacen todas las niñas.

También puede ocurrir que la niña se dé cuenta en algún momento, incluso desde el principio que lo que está ocurriendo no es adecuado, que está mal.

Puede darse cuenta de que el adulto está traicionando la confianza que la niña había depositado en él. (Cuanto más cercano es el parentesco más grande es la traición).

Detectar a los tramposos

Evolutivamente los seres humanos hemos desarrollado una refinada capacidad para detectar a los tramposos.

Vivimos en grupos y resulta fundamental para nuestra supervivencia detectar rápidamente a los congéneres que puedan querer engañarnos.

Cuando nos damos cuenta de que hemos sido engañados sentimos dolor y, como es de esperar, nos apartamos de esa fuente de dolor todo lo que nos es posible, como procuramos hacer con el dolor en general.

Cuando la niña se da cuenta de que ha sido engañada siente dolor. Cuanta más confianza había depositada en la persona que la ha traicionado más grande será el dolor.

Y se activa intensamente el protocolo que hemos desarrollado en nuestra evolución para tratar con los tramposos y que consiste, entre otras cosas, en poner tierra de por medio, es decir, en alejarse todo lo posible de esa persona que nos está causando un dolor intenso y de la que podemos sospechar que nos podría volver a engañar en cualquier momento.

Un dilema: El abusador es un cuidador

Pero si esa persona también activa la poderosísima tendencia evolutiva a mantenernos apegados a los cuidadores de los que dependemos, entonces la niña se encuentra en un dilema paralizante: quiere huir y acercarse simultáneamente.

Una posible solución a este dilema es ignorar la evidencia de la traición. Levantar una barrera dentro de la mente para que el sentimiento de estar siendo engañada no llegue a la conciencia y no ponga el peligro la relación con el cuidador.

Porque no olvides de que la vida de esa niña depende de sus cuidadores.

Es mucho lo que está en juego. Tiene que elegir el menor entre dos males. Y lo prioritario, sin duda, es seguir evitando que el cuidador la rechace y la abandone a su suerte.

 

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Abusos sexuales

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