El niño interior

El Niño lo pasa mal

Muchos de nosotros tenemos un niño herido viviendo en nuestro interior. La infancia perdura en nuestra memoria.

Es como un complejo esquema (o programa) que se activa de vez en cuando y nos hace revivir, de manera condensada, las experiencias infantiles, sobre todo las más dolorosas (son las que con más fuerza han quedado grabadas en nuestra memoria). Aunque, este revivir las experiencias infantiles, no siempre surge en nuestra mente como historias del pasado, sino que pueden aparecer como emociones, sensaciones físicas y pensamientos provocados por nuestras experiencias presentes.

Cuando se activa ese esquema o programa del pasado me gusta decir, de manera metafórica, que el Niño interior se está quejando; que el Niño está pasando un mal rato.

Las heridas

Quizá las heridas nos las hayan producido nuestros padres. Puede que ellos también sufrieran heridas emocionales cuando eran niños. Y, si no supieron curar esas heridas, puede que nos las hayan transmitido.

Si nosotros no sabemos transformar y curar esas heridas las vamos a transmitir a nuestros hijos y nietos. Por eso hemos de volver al Niño herido que hay en nosotros y ayudarle a curarse.

Cuidar al Niño

Ese Niño necesita nuestra atención. Cuando aflore desde las profundidades de nuestra mente es el momento de abrazarle con ternura. Para cuidar de nosotros mismos, debemos cuidar del niño herido que hay en nosotros.

Practica cada día abrazándole tiernamente. Escúchale. Dile cosas tranquilizadoras. Dile algo como esto: «Mi querido pequeño, estoy aquí, preparado para escucharte. Por favor, cuéntame tu sufrimiento, muéstrame todo tu dolor. Estoy aquí, escuchándote con toda mi atención y amor.»

Cuando disfrutes de un día de playa o de una excursión por la montaña invita al Niño que hay dentro de ti a acompañarte. Comparte con él tus buenos momentos. También puedes imaginar que le das un baño o le preparas una comida que le gusta.

Si lo haces durante algunas semanas o meses, el Niño herido que hay en ti se curará.

Algunas cosas que puedes tener en cuenta

Para que tu niño interior pueda salir de su escondite debe ser capaz de confiar en que estarás allí para él. Necesita un aliado que le apoye para superar el abandono sufrido, la negligencia, el abuso. 
Si todavía estás inclinado a minimizar la vergüenza que sentiste de niño, el dolor al ser ignorado, te vendría bien, ahora, aceptar que estas cosas realmente te hirieron. No se trata de buscar culpables. Se trata de reconocer tu dolor.

Si estas reflexiones te impactan es una buena señal: es el comienzo del duelo.

También será comprensible que te sientas enojado, incluso si lo que te hicieron no fue con intención de herirte. Creo que el enojo forma parte imprescindible de la curación de tu Niño herido. Puedes comprender a tus padres, que hicieron lo que buenamente pudieron, pero también puedes ser consciente de que lo que ocurrió te hirió profundamente y que ha tenido consecuencias perjudiciales en tu vida. Ahora tienes la responsabilidad de detener lo que estás haciéndote a ti mismo y, tal vez, a los demás.
Te visitará la tristeza, por los sueños y aspiraciones que se vieron truncados; por las traiciones; por el sufrimiento; por las necesidades de desarrollo insatisfechas.
Debes ayudar a tu Niño a comprender que no había nada que él pudiera haber hecho diferente, que su dolor no lo provocó él, que es inocente
A su vez, es de suponer que el dolor provocó mucha vergüenza y soledad. Estabas avergonzado por ser maltratado, o abandonado. Te sentiste como si estuvieras contaminado. Y esa vergüenza condujo a la soledad. Ese niño se sintió defectuoso y tuvo que ocultar su verdadero “yo” y crear uno falso que le pareció más querible. Luego se identificó con ese “yo” inventado y su “yo” verdadero se quedó solo y aislado.

Al abrazar la vergüenza y soledad de tu Niño herido, comienzas a tocar tu verdadero ser. 

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