Espiritualidad: lo que no es

Lo que es la espiritualidad

Un trabajo de poda

¿Te has propuesto alguna vez definir qué es eso a lo que llamamos espiritualidad? ¿Verdad que no resulta fácil?

Empezaré por eliminar lo que claramente creo que no es espiritualidad. Me planteo un trabajo previo de poda. Y pensando en podar se me ocurre que podría representar a la espiritualidad como si fuese un hermoso jovencito que duerme desde hace años dentro de una urna de cristal que está rodeada de unos zarzas temibles. Las mozas de los alrededores, en su intento de despertar al mancebo, se dejan la piel entre las zarzas sin conseguir sus objetivos.

Así que si quiero despertar al durmiente para que nos diga qué es la espiritualidad mejor será que despeje un poco el camino tijera en mano. (Ya sé que lo del durmiente dentro de una urna de cristal suena a un famoso cuento, pero ya has podido comprobar que no se trata de la misma historia).

Religión y espiritualidad

Supongo que la mayoría de las personas establecen una relación entre espiritualidad y religión. Aunque yo creo que son cosas que pueden estar perfectamente separadas. Es decir, que puede que una persona sea espiritual y no religiosa, y viceversa.

(Aunque está claro que hoy me he levantado con ganas de meterme en líos, con ganas de caminar sobre hielo al ponerme a escribir sobre la espiritualidad, voy a evitar otro terreno  escurridizo como es definir la palabra religión. En este texto, y para salir del paso, cuando hablo de religión me refiero únicamente a ser seguidor de una de las religiones existentes en el mundo).

Así que opino que religión y espiritualidad no son la misma cosa.

Pensamiento mágico

Tampoco es espiritualidad el pensamiento mágico.

¿Qué quiero decir con pensamiento mágico? Pues la manera de ver el mundo de un niño entre los dos y los siete años aproximadamente. El niño, durante esa etapa de su desarrollo, cree que puede influir en el mundo a través de sus pensamientos y sus deseos. El niño está empezando a manejar el pensamiento simbólico y aún no sabe muy bien qué poder sobre la realidad tienen las imágenes que puede elaborar en su cabeza.

Muchos adultos siguen sin saberlo y confunden los objetos y sus imágenes mentales. Te pongo un ejemplo de esta confusión: Haces  un muñeco con la pinta de tu jefe o de alguna persona a la que quieres hacer daño; luego le clavas alfileres en la espalda con la esperanza de que al día siguiente no se presente en el trabajo por una crisis de lumbalgia.

Así que la magia y la espiritualidad me parece que no casan.

Doy por hecho que la espiritualidad no puede consistir en un retroceso evolutivo, es decir, que hacerse más espiritual no es volver a creer en los Reyes Magos.

Pensamiento mítico

El niño sigue creciendo y, en la siguiente etapa evolutiva, la etapa mítica, deja de creer que tiene poderes paranormales para transformar la realidad. Lo que cree ahora es que Dios sí que tiene esos poderes y que la cuestión es cómo llevarse bien con Él, cómo complacerle para que haga el trabajo de proporcionarle lo que desea. Con las oraciones procurará que Dios le eche un cable dejando en suspenso las leyes de la naturaleza, es decir, haciendo milagros.

Es evidente que una gran parte de la población adulta del mundo funciona principalmente desde esta visión mítica del mundo. Se dirigen a Dios para que resuelva sus problemas, o para que castigue a los que les han ofendido. O piensan que tienen a Dios de su lado y por tanto tienen carta blanca para hacer todo tipo de barbaridades: los ejemplos de las consecuencias catastróficas que puede acarrear esta visión mítica en el pasado y en el presente son infinitos.

Pensamiento racional

El niño se transforma en adolescente y se da cuenta de que no tiene mucho sentido pensar en un Dios personal que satisface sus caprichos.

Si quieres algo tendrás que dirigirte a la naturaleza para conseguirlo, se dice a sí mismo el adolescente convirtiéndose en algo parecido a un científico. Se inaugura la edad de la razón. Si quieres algo elabora un plan y deja de pedirle a Dios que te lo sirva en bandeja.

La ciencia nos ayuda a prescindir de las visiones infantiles de la espiritualidad y nos prepara para abordar las siguientes etapas del desarrollo; etapas que tenemos que conquistar con nuestro esfuerzo de adultos y que nos abren las puertas a la verdadera espiritualidad.

Un posible problema es que la visión racional de un golpe de estado en nuestro mundo y este se nos presente como un conglomerado de piezas que no tienen sentido; un mundo en donde los valores queden flotando en el aire sin un lugar donde echar raíces.

Las personas que creen que el máximo desarrollo que puede alcanzar un ser humano es el racionalismo suelen interpretar cualquier manifestación de la espiritualidad, que está más allá de la razón, como si se tratase de un “más acá” de la razón, es decir, como si se tratase de un movimiento regresivo hacia las etapas mágica y mítica.

Etapas del desarrollo

Hemos visto que nuestro desarrollo personal pasa por una serie de etapas o estadios.

Durante los primeros estadios no tenemos conciencia de ser individuos separados de los demás: son estadios pre-personales o pre-racionales.

Luego, al seguir avanzando, atravesamos estadios “personales” o racionales en donde sentimos que somos individuos independientes y únicos.

Más allá de estos estadios intermedios personales están los estadios transpersonales o transracionales es decir, que están más allá de nuestra sensación de ser individuos separados del resto del mundo. Estos estadios transpersonales son los que penetran en la espiritualidad.

Algunos peligros para la espiritualidad

Un peligro es creer que todo lo que no es personal es espiritual, que todo lo que no es racional es sinónimo de espiritualidad. (Un error muy frecuente y que lleva a confundir todo tipo de sandeces, algunas bastante peligrosas, con la espiritualidad).

El peligro complementario es pensar que todo lo que se sale de lo personal o racional es pre-racional, eliminando de un plumazo los verdaderos niveles de conciencia espirituales, que como ya hemos visto, están más allá de la razón (por supuesto que la incluyen, aunque la trascienden). Con esta manera de entender las cosas nos queda un mundo bastante chato, reducido poco más que a procesos materiales.

 

Cansado de tanto podar dejo las tijeras a un lado. Espero haber abierto un camino que me permita despertar a ese bello durmiente que mencionaba al principio para que nos diga de que va eso a lo que llamamos espiritualidad. En un siguiente artículo abordaré la espinosa tarea de tratar de definir la espiritualidad.

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