Abusos sexuales: Dentro de ti oigo un niño llorando

Abusos sexuales en la infancia: conectar con el niño herido

Una criatura en el pozo de los abusos sexuales

Cuando te acercas a mí pidiendo ayuda y me cuentas que, siendo una criatura, fuiste víctima de abusos sexuales, tengo la impresión de que la tarea más urgente es la de excavar un túnel que te permita llegar hasta donde quedó enterrada la niña que fuiste (o el niño) bajo capas de tiempo.

La niña que fue empujada a un pozo por un adulto que traicionó tu confianza y buscó su placer sin tener en cuenta las consecuencias que tendrían sus actos. Ese adulto tañía una campana que aún sigue sonando. Y su lúgubre sonido recorre la distancia que te separa ahora de esa niña para seguir aturdiéndote como si fuese un puño que te golpea; como si se tratase de un seísmo que conmociona tus cimientos.

Pero no se trata de un puño, ni de un terremoto, ni es una campana ensordecedora: son los espasmos de una niña (o un niño) llorando.

La memoria como un árbol de navidad

Las experiencias que vivimos en la infancia perduran en nuestra memoria formando algo así como una red o una maraña de recuerdos. Me imagino que esas experiencias tempranas son  como las luces de un árbol de navidad: cuando las enchufas se encienden todas a la vez. Algunas bombillas al iluminarse recrean una escena que vivimos; otras, despiertan una emoción o sensaciones corporales. Cualquier pequeño detalle del presente puede encender el árbol entero: un olor, la forma de un objeto, el color de una prenda de vestir, el gotear de un grifo, el contacto con otro cuerpo… ¡cualquier cosa!

Si viviste experiencias de abuso sexual cuando eras niña, al encenderse ese árbol de tu memoria, te puedes ver transportada a tu infancia para revivir lo que te sentiste en esos momentos. Es como si esa niña que fuiste tomara las riendas de tu mente.

Eres una multitud

Quiero aclarar que me gusta imaginar la identidad personal como si fuese una colectividad. Me imagino que cuando digo “yo” estoy hablando de un grupo que convive más o menos en armonía. Una de esas partes que forma mi mente es un niño: el niño que fui.

Habitualmente quien dirige ese grupo (el director de orquesta) es el adulto (otro de los personajes). Pero de vez en cuando, el director titular de la orquesta es desbancado de su puesto y toma la batuta el niño. Y claro, un niño no está preparado para enfrentarse a los retos que la vida nos pone cada día por delante. Si además ese niño sufrió experiencias estremecedoras de abusos sexuales, cuando esté al mando de la mente la inundará de temor, dolor, desconsuelo, impotencia y una abrumadora sensación de que el mundo es un lugar espantosamente grande y plagado de peligros incontrolables.

Acunar y consolar

Por eso me imagino que se trata de excavar un túnel que te permita llegar hasta esa criatura asustada para poder consolarla. Para darle la protección que no tuvo y acunarla entre los brazos hasta que se duerma tranquila. Y poco a poco, con la paciencia de una madre amorosa, ir abriendo pequeños espacios donde puedan volver a florecer las sonrisas y las ganas de explorar el mundo, las ganas de jugar; para que pueda crecer vigorosamente el amor.

Si te apetece puedes leer otro artículo que trata sobre los adultos que han sido víctimas de abusos sexuales en la infancia en el siguiente vínculo:
¿Has sido víctima de abuso sexual en la infancia?

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Abuso sexual en la infancia: Comprender a los supervivientes

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Adultos víctimas de abuso sexual en la infancia

 

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