Psicólogo en Tenerife - José Avelino García

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José Avelino García - Psicólogo en Tenerife

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Si tu hijo se mete en problemas una y otra vez ¿no será debido a que no sabe hacer las cosas de otra manera? ¿Te has parado a pensar que puede que no sepa pedir de manera adecuada lo que quiere y por eso se porta como un niño problemático; o que no sabe expresar lo que le molesta?
¿No necesitará tu hijo un poco de disciplina?

¿Disciplinar a los niños?: Sí, pero no de cualquier manera

Copio un fragmento de lo que dice la Wilkipedia sobre la palabra disciplina:
“La disciplina significa instruir a una persona o animal a tener un determinado código de conducta u orden. En el campo del desarrollo del niño, la disciplina se refiere a los métodos de formación del carácter y de la enseñanza de auto-control y de un comportamiento aceptable, por ejemplo, enseñar a un niño a lavarse sus manos antes de las comidas”.
También dice lo siguiente sobre el disciplinador:
“… una persona que impone orden”.
Y para acabar de pegar fragmentos selecciono uno que hace referencia a los castigos asociados a la disciplina:
“… por lo general el término "disciplina" tiene una connotación negativa. Esto se debe a la necesidad de mantener el orden - es decir, que las instrucciones de garantizarlo se lleven a cabo. El orden es a menudo regulado a través del castigo”.
Toda esta introducción es para decir que creo necesaria la disciplina a la hora de educar a un niño; y que hace falta alguien que ponga orden en la vida de ese niño; y que además se puede hacer sin apenas recurrir a los castigos que, me temo, es lo que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en disciplinar a un niño.
El arte de disciplinar a un niño: algunas sugerencias
1. Ten las antenas puestas para “cazar” a tu hijo haciendo algo bien y felicítale por lo que ha hecho, por ejemplo: “¡Vaya, qué bien has recogido tu cuarto! ¡Buen trabajo!”. Tu comentario es un premio para el niño que le motivará a repetir esa conducta.
2. Es mejor que le felicites por lo que hace y no por lo que es. Si le alabas como persona y comete un fallo, es probable que se avergüence de sí mismo y que llegue a pensar que es un desastre. Si alabas lo que ha hecho y en otra ocasión mete la pata es fácil ayudarle a enmendar ese error de comportamiento sin que se sienta avergonzado.
3. No escatimes los elogios. Los más pequeños necesitan una gran frecuencia de elogios: cada 5 o 10 minutos. Para los más mayores se pude intercalar una felicitación cada media hora.
4. Puedes redactar una lista de cosas que te gustaría que tu hijo hiciera y ponerla en un lugar visible. Varias veces al día (más veces si son más pequeños) acércate con él a la lista y pega una estrella o alguna otra cosa que indique que el niño ha llevado a cabo esa tarea. Un truco: di en voz alta que dentro de unos minutos vas a releer la lista para darle tiempo a que haga la tarea y así ganar una estrella.
5. Ten otra lista a mano con las cosas que a tu hijo le gusta hacer en tu compañía, pequeños juegos como ese que dice “veo, veo… ¿qué ves?... una cosita… ¿de qué color?” para momentos de “emergencia” como que esté empezando a desesperarse porque necesita cambiar de actividad; o que tengas que hacer un viaje con él; etc. (Yo le saqué mucho partido al que menciono un poco más arriba de adivinar qué cosas estás viendo, sobre todo en los largos viajes. También me gustaba jugar, cuando ya eran un poco más grandes mis hijas, al juego de los parentescos: “¿Quién es el hermano de tu tío?”, por ejemplo).
6. Dedica un rato al día a compartir una actividad con tu hijo que os guste a ambos. Esos momentos de atención especial que le prestas son un antídoto contra el mal comportamiento. Leerle a tu hijo en voz alta una historia que os guste tanto a él como a ti puede ser una de esas actividades. Si te parece una buena idea (seguramente ya la utilizas hace mucho tiempo) te propongo un libro escrito por mí pensando en los lectores más jóvenes:

África: Astronautas, chimpancés y la niña que nació en el espacio

7. También es muy importante que tengas un rato al día para ti mismo, para descansar o para cultivar alguna de tus aficiones. Tu hijo, si ya ha recibido su “dosis” de atención especial, entenderá fácilmente que necesites algún rato para ti mismo. También notará que le gustas más cuando estás descansado.
8. Acondiciona tu casa para que esté a prueba de niños. No dejes a su alcance objetos que se puedan romper (el jarrón chino que te ha costado una fortuna) ni que sean peligrosos (tu juego de bisturíes si eres cirujano). (Recuerdo que los adornos de mi casa fueron ganando altura según crecía mi primera hija). Ten previsto que tu hijo probará a subirse a los lugares más inverosímiles; y abrirá todo tipo de envases con la sana (y peligrosa) curiosidad de averiguar el sabor de su contenido. Y que los medicamentos, las pastillas y cápsulas le gustarán sobremanera.
9. Procura tener algunos juguetes guardados. Te servirán para cambiarlos por los que ya le aburren. Guarda los que le aburren ahora porque más adelante le volverán a gustar cuando los saques de su retiro temporal. (En mi casa teníamos la costumbre de esconder alguno de los muchos juguetes que inevitablemente se amontonaban en la época de navidad o en los cumpleaños. Los sacábamos meses después. Recuerdo un robot que se lo “regalamos” tres navidades seguidas a una de nuestras hijas: después de jugar unos días con él, cuando veíamos que ya no le llamaba la atención, lo guardábamos hasta las siguientes navidades. ¡Hasta que se hizo lo suficientemente mayor para darse cuenta! Aún nos seguimos riendo con esta anécdota).
10. Cuando quieras que adquiera un nuevo comportamiento propónselo como un juego. Tal vez le guste representar el papel del Monstruo Comeverduras; o jugar el juego de ser obediente: “Vale que jugamos a que yo te pido que hagas algo, y tú lo haces, y yo luego te doy un abrazo porque me siento muy contento porque lo has hecho”. (Yo utilicé bastante el juego de batir algún record: con un cronómetro en la mano [también puede servir el método más rudimentario de contar en voz alta] se le propone batir el record mundial de permanecer en silencio; o el record de velocidad en comer una ensalada).
11. Para los más pequeños, cuando se encabezonan en hacer algo poco recomendable, es conveniente distraerlos con algún truco como darles un juguete, o cantarles una canción, o cualquier otra cosa.

¿Y cuando, a pesar de todo, se porta mal?
Antes que nada
No le pegues ni insultes a tu hijo. No le enseñes que la violencia o la humillación son métodos adecuados para resolver los problemas. Además, con la violencia sólo se consigue que se porte peor.
• Cuando sea posible, deja que se exponga a las consecuencias de sus actos. Por ejemplo: no se quiere vestir para ir al colegio y tu lo montas en el coche en pijama (procura llevar la ropa escondida para que se la ponga por el camino). Es decir, hazle saber que lo llevarás al colegio esté vestido como esté; haga lo que haga.
• Cuando te encuentres tranquilo, habla con tu hijo sobre la conducta que no te gusta. Dile qué es lo que en concreto no te gusta (siempre refiriéndote a lo que hace y no a lo que es). Explícale qué es lo que quieres que haga. Escucha sus argumentos respetuosamente. Repite los tuyos añadiendo las consecuencias positivas que tendrá si pone en marcha el nuevo comportamiento. Y si él insiste en su conducta inadecuada, exponle las consecuencias negativas que acarreará su persistencia.
• Si tu hijo es pequeño y ya le has avisado de que deje de hacer algo y no te hace caso, puedes recurrir a llevarlo a una habitación y dejarlo allí unos pocos minutos para que “recapacite”. No hagas caso a las pataletas. Si ya es mayor, retírate tú hasta que cambie de actitud.
Si tu hijo se porta peor después de aplicarle un método disciplinario eso no quiere decir que el método sea malo, tal vez indique todo lo contrario. Las conductas son como las llamas de una cerilla que antes de apagarse adquieren un tamaño más grande que nunca. Así que insiste un poco más hasta que tu hijo compruebe que le resultará más rentable cambiar de conducta que esperar a que tu cedas; eso sí, no dudes de que pondrá a prueba tu firmeza, determinación y paciencia (y puede que ponga a prueba unas cuantas cosas más: los niños son unos “probadores” incansables).
Si quieres leer más cosas que he escrito sobre los niños y cómo conseguir que te hagan caso puedes leer:

Mi hijo no me hace caso
Si quieres leer algunas reflexiones sobre lo que significa educar de manera positiva puedes acercarte a:

Educación positiva”.
Otros artículos relacionados son:

Con los niños, más vale prevenir

Cómo desgraciarle la vida a los hijos”.
Sería muy interesante que compartieras tus experiencias criando niños. Seguro que tienes algunos “trucos” que resultarán inspiradores para otros padres. ¡Anímate y cuéntanos cómo lo haces!

No olvides que puedes contar con mi ayuda como Psicólogo en Tenerife.

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