Relaciónate con el dolor de manera más inteligente

 

Problemas médicos relacionados con el estrés

El estrés aumenta la vulnerabilidad de nuestro organismo a desarrollar trastornos de la salud que pueden resultar mortales: enfermedades del corazón, cáncer y accidentes cerebrovasculares. (Si quieres leer algo más sobre el estrés puedes te propongo los artículos “El buen estrés: una fábula mitológica” y “Estrés: lo poco gusta, lo mucho cansa“.

También el estrés se relaciona con otros problemas de salud menos graves pero que deterioran considerablemente el funcionamiento normal, el bienestar y la calidad de vida. La lista que viene a continuación menciona alguno de esos problemas:

Dolores de cabeza recurrentes.

  1. Dolor crónico de cuello, espalda, pelvis, mandíbula.
  2. Cansancio no especificado.
  3. Acidez de estómago, retortijones en el estómago, diarrea o estreñimiento no especificados.
  4. Dificultad para dormir.
  5. Dificultades sexuales: falta de erecciones, eyaculación precoz, falta de interés o dificultad para alcanzar el orgasmo.
  6. Picor persistente, eczema o urticaria.
  7. Zumbido en los oídos (acúfenos).
  8. Fricción de los dientes por la noche (bruxismo).
  9. Mordernos las uñas.
  10. Frecuentes resfriados e irritaciones de garganta.
  11. Asma.

 

El dolor

Ahora voy a centrar mi atención en uno de esos problemas relacionados con el estrés y que es una de las experiencias más aversivas de nuestras vidas: el dolor.

Supongo que a ti tampoco te gusta cuando llama a tu puerta esta desagradable y molesta visita.

Aunque, a veces, viene a avisarnos de que algo no está funcionando adecuadamente en nuestro organismo.

En ese caso, el dolor cumple una misión beneficiosa. Es lo que llamamos “dolor agudo”. Y dura lo que dura el daño que hemos sufrido o la enfermedad que padecemos. Es como un mensajero que, después de cumplida su misión, se va.

Pero a veces el mensajero se queda a vivir en nuestra casa.

Y el dolor persiste aunque la enfermedad o la lesión ya se ha curado (como pasa con las lumbalgias). O nos visita recurrentemente sin tener ningún mensaje que transmitirnos (es el caso de la migraña), o nos avisa insistentemente de una enfermedad difícil de tratar (véase las artritis o los dolores que provoca el cáncer).

Estoy hablando del “dolor crónico”. (Técnicamente, se habla de dolor crónico cuando este permanece durante un periodo de más de seis meses y no responde a los tratamientos convencionales).

 

Procesos psicológicos implicados en el dolor

Elijo el dolor de espalda en particular como ejemplo de cómo ciertos procesos psicológicos pueden agravar los dolores que ya tenemos o llegar a crearlos. Pero bien valen las siguientes reflexiones para los dolores de cabeza recurrentes, dolor crónico de cuello, de pelvis, de mandíbula; dolores musculares, etc.

¿Y cuáles son esos procesos psicológicos que agravan o convocan a nuestros dolores?: pues uno de ellos es la tendencia que tenemos a rechazar las experiencias desagradables.

A mí no me gusta un pelo sentir dolor. Y supongo que ti tampoco ¿verdad?

Pero supongo que estaremos también de acuerdo en que un poco de dolor y de enfermedad es inevitable en esta vida.

No aceptar esta ineludible realidad nos hace luchar denodadamente contra las experiencias desagradables y esa lucha, en ocasiones, se convierte en el verdadero problema.

Parece bastante demostrado que la mayoría de los dolores de espalda fuertes están provocados por la tensión muscular. Y también parece claro que el estrés provoca tensión en los músculos. Veamos entonces cómo el estrés emocional se transforma en dolor de espalda.

Puede que durante alguna actividad cotidiana o haciendo deporte forcemos un poco la espalda. Y empieza a dolernos.

Ahora interviene la mente diciendo: “Espero no haberme lesionado la espalda” (y recurrimos a los muchos ejemplos que conocemos de gente que tiene lesiones en la espalda).

Si el dolor es intenso o no se pasa pronto empezamos a  preocuparnos y eso convoca a la ansiedad.

Y la ansiedad se encarga de tensar aún más nuestros músculos doloridos. Y el dolor aumenta. Y también lo hace la preocupación. Y ya estamos metidos en un lío.

Y se unen a la fiesta otras emociones como puede ser la frustración y la ira.

 

Mi propia experiencia

A mí me ocurrió hace poco. Había ido corriendo hasta una playa cercana, como hago frecuentemente. Después de darme un baño y mientras me vestía para regresar a mi casa también corriendo, me empezó a doler la parte baja de la espalda.

Me vi obligado a regresar caminando. Y comencé a pensar que igual me había lesionado. Que era probable que estuviese forzando mi cuerpo más de la cuenta dada mi edad. Recordé las veces que he sufrido pinzamientos en esa parte de la columna, etc.

Cuando llegué a casa ya no me podía doblar. Y cada vez estaba más convencido de que me había hecho daño de verdad.

Me vi el resto de mi vida haciendo cálculos complicadísimos para poder ponerme un calcetín.

Aguanté un par de días esperando a que remitiera el dolor. Hasta que no pude más y me puse en manos de un médico que me pinchó un anti inflamatorio y me tranquilizó asegurando que se trataba de una simple contractura.

Y poco a poco me fui atreviendo a moverme a pesar de que el dolor seguía presente.

Y reconocí que llevaba una temporada bastante estresado. Había dejado que ciertas emociones acamparan a sus anchas en mi mente. Y me había comportado de manera bastante obstinada con la persona más importante de mi vida.

Procuré ventilar esas emociones (lo que me llevó bastantes días) y el dolor acabó por pasar.

De alguna manera ya te estoy insinuando algunas estrategias que te pueden resultar útiles cuando te veas asediado por el dolor. Aunque, en el próximo artículo, te hablaré con más detenimiento de un programa que te ayudará a interrumpir ese ciclo que mencionaba más arriba y que está formado por el dolor, la preocupación y la tensión muscular.

 

Me encantaría conocer tu opinión y tu experiencia sobre este asunto del dolor. ¿Te animas a compartirlas?

Además, quiero que sepas que para que artículos como este tengan cierta difusión es muy importante que alguien diga de vez en cuando que le gusta o que lo comparta con otros lectores.

Un saludo.

 

Comentarios 4

  1. Estoy muy de acuerdo contigo, para mi es un problema por que dolor que aparece: dolor que se queda.

    1. Post
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      Supongo que habrá excepciones a lo que dices. En los momentos en los que has conseguido eliminar un dolor, ¿qué has hecho? ¿cómo lo has convencido para que se fuera?

  2. Me siento retratado en el artículo. Por culpa del estrés, debido a la situación económica actual y al constante miedo a perderlo todo, se me instaló en el abdomen un dolor, que se convirtió en crónico debido al circulo vicioso que describes. Todo era psicológico, mental, no había ningún problema físico, pero el dolor era continuo y condicionó mi vida durante dos años, hasta descubrir su origen: ESTRES, ANSIEDAD….
    Ahora toca saber controlar estas situaciones y para ello cuento contigo.
    Un saludo y buen artículo.

    1. Post
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      Gracias, Hugo por compartir tus experiencias. Siento no haber contestado antes, pero un problema técnico me impidió enterarme de que tú y otras personas estábais comentando los artículos. Así que me estoy poniendo al día.

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