Respirar oliendo

respirar oliendo

Las aletas nasales

Las ventanillas de la nariz poseen pequeños músculos  que habitualmente permanecen inactivos, pero que nos pueden servir para que el aire entre en nuestro cuerpo en mayor cantidad y de forma más equilibrada.

Si respiramos de manera normal, las aletas nasales permanecen inactivas.

Si, en cambio, hacemos una inspiración profunda y enérgica podemos constatar que la succión producida por la inspiración tiende a acercar las aletas nasales entre sí, reduciendo de este modo el paso  que se ofrece a la entrada del aire.

Probemos ahora a inspirar apartando las aletas nasales. Al espirar, las relajamos.

Constatarás que el aire entra mucho más fácilmente, en mayor cantidad y de modo más equilibrado, es decir, por las dos fosas nasales.

Además, respirar separando las aletas nasales no sólo facilita la entrada de una mayor cantidad de aire, sino que dirige activamente la corriente de aire que penetra en los cornetes nasales hacia la zona olfativa, encargada de analizar e identificar los olores.

Y en esa zona olfativa es donde, según el yoga, se encuentra la principal zona para captar energía.

Todo sucede como si la separación de las fosas nasales condicionara la receptividad de todo el sistema respiratorio durante la inspiración. Como si se abriera hacia el mundo exterior, gracias a la aceptación del elemento vital que constituye el aire ambiente.

Añadamos el olor: respirar oliendo

Añadamos un elemento que nos va a facilitar el ejercicio: el olor.

Un perfume agradable nos incita a respirar profundamente, sin duda porque nuestro organismo sabe que nos es favorable.

Así que te propongo que busques algún aroma natural que te resulte agradable, como pueden ser la hierbas que se utilizan en la cocina, y que te lo coloques cerca de la nariz.

Si quieres captar el olor minuciosamente, comprobarás que frenas la entrada del aire, la haces más lenta, lo que permite que el aire pase en mayor cantidad por las zonas olfativas.

Inspira lentamente y separando las fosas nasales. Puedes cerrar los ojos para absorberte más en el ejercicio.

Observa qué cambios se producen en tu cuerpo según te vas concentrando en el aroma.

Observa los cambios que se producen en tu mente.

Poco a poco, vete separando la fuente olorosa de tu nariz, hasta que llegue un momento en que la alejes del todo. Sigue respirando como si estuvieras oliendo: separando las fosas nasales, frenando la entrada del aire.

Después de unos minutos practicando este ejercicio de respirar oliendo comprobarás, probablemente, que tu energía ha aumentado y que tu mente se ha calmado, además de los sutiles cambios que haya provocado el olor que hayas utilizado.

Te invito a que practiques esta manera de respirar oliendo varias veces al día, a que huelas el aire “saboreándolo”, a que dediques unos segundos a oler el café que tomas por la mañana, o la comida, o la piel de un ser querido.

Espero que respires mucho y bien.

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Yoga

 

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