Abuso sexual: disociación y olvido

abusos sexuales

Las amenazas

Muchas veces el que perpetra el abuso sexual es un cuidador de la niña y amenaza con abandonarla para asegurar el secreto. Incluso puede amenazar con abandonar a toda la familia.

En ese caso la niña carga sobre sus hombros la responsabilidad de que la familia siga unida.

También puede asumir la responsabilidad de evitar con su sacrificio que alguno de sus hermanos pase por su experiencia.

Pero otras muchas veces el abusador no necesita recurrir a las amenazas ya que le basta con aprovechar la tendencia que tiene su víctima a olvidar el abuso para poder conciliar el querer alejarse del abusador y, a la vez,asegurarse sus cuidados.

Para ahondar en este dilema puedes leer el siguiente artículo:

El abusador y la traición

Disociar

La niña que está viviendo experiencias que sobrepasan con mucho su capacidad de asimilación es muy probable que recurra a los mecanismos de disociación para conseguir apartar de su conciencia las experiencias relacionadas con el abuso.

Disociando, la niña consigue que  parezca que esas experiencias las está viviendo otra persona.

Un cierto grado de disociación es algo que nos ocurre a todos en nuestra vida cotidiana. Nuestra mente puede estar haciendo dos tareas simultáneamente sin que seamos conscientes de una de ellas. Podemos caminar por la calle o conducir tan absortos en  nuestros pensamientos que no nos percatamos de manera consciente de la realidad exterior que está pasando ante nuestros sentidos.

Podemos imaginarlo como si se tratase de programas informáticos que pueden trabajar simultánea e independientemente.

O volver a la metáfora (que ya he utilizado en otro artículo: Abusos sexuales: Dentro de ti oigo un niño llorando) de los múltiples personajes que forman nuestra mente.

En el caso de conducir mientras charlamos con la persona que viaja a nuestro lado estamos activando al Chofer que llevamos dentro mientras que activamos al Conversador. Puede que durante un buen rato sólo seamos conscientes del Conversador.

Estos módulos o personajes pueden asociarse con otros módulos para realizar tareas conjuntas.

También pueden entrar en guerra unos con otros cuando la vida nos pone delante una situación conflictiva. Por ejemplo, nos gustaría decirle lo que pensamos a nuestro desagradable jefe, incluso nos gustaría darle un bofetón.

En ese caso se activa el módulo de la agresividad que pone en marcha los músculos adecuados para ejecutar esa acción y también activa las emociones pertinentes, etc.

Pero, simultáneamente se activa el módulo de la prudencia, el que nos recomienda dejar pasar las ofensas y el malestar que nos provoca la actitud de nuestro jefe para no poner en juego nuestro trabajo.

Entonces comienza un pulso entre ambos programas de nuestra mente hasta que gana uno de ellos, o llegan o una solución intermedia (por ejemplo, decirle amén al jefe pero luego, al salir y sin que nadie te vea, pincharle una rueda a su coche).

Cuando se viven experiencias terribles

Pero cuando se viven experiencias traumáticas puede que no haya manera alguna de llegar a un acuerdo entre tendencias de acción que resultan totalmente irreconciliables.

Entonces la disociación puede ocurrir entre la niña que vive las experiencias normales del día a día y la  niña que está siendo abusada.

Como si se tratase de dos niñas diferentes, con memorias, emociones, reacciones diferentes.

Como si se levantara un muro dentro de la mente y lo que había sido una sola ciudad quedara dividida en dos ciudades casi incomunicadas.

La niña que todo el mundo conoce puede entonces resolver el conflicto entre cuidar el vínculo con el traidor: ha dejado la relación con él en manos de la otra niña que es la encargada de guardar el secreto, la que hace cosas inadecuadas.

También el abusador lleva una doble vida. En la mayoría de las circunstancias cotidianas se comporta como una persona digna de toda la confianza y cumple sus funciones como cuidador.

El abusador sólo aparece a ciertas horas y cuando está a solas con su víctima.

Olvidar lo ocurrido

Olvidar lo ocurrido es una manera de mantener el vínculo con el adulto abusador.

Es como si ocurriese un cortocircuito en la mente de la pequeña entre dos tendencias incompatibles: salir corriendo para alejarse de esa persona, o acercarse para sentirse segura.

La amnesia es más probable que ocurra cuando se acumulan ciertas circunstancias.

La primera de ellas es, como ya creo que ha quedado claro, que el abuso lo lleve a cabo un cuidador.

Si este amenaza a la niña y le exige silencio aumenta la probabilidad de la amnesia.

Aún aumenta más si el contexto en donde se produce el abuso es diferente al del contexto de la vida cotidiana, como puede ser que el abusador lleve a la niña a un desván en donde esta nunca entra.

Sigue aumentando la probabilidad de que los episodios de abuso sean olvidados si no se habla de esos hechos: el silencio invita al olvido.

También invita al olvido si el abusador crea una explicación alternativa de lo que está ocurriendo, como que es un secreto entre ellos por lo mucho que se quieren, o que la niña está ayudando a que la familia permanezca unida.

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