
¿Te has fijado dónde han sido cultivados o procesados los alimentos que consumes? ¿Te has planteado consumir alimentos integrales y ecológicos? ¿Compras en los mercadillos próximos al lugar en donde vives?

¿Te has fijado dónde han sido cultivados o procesados los alimentos que consumes? ¿Te has planteado consumir alimentos integrales y ecológicos? ¿Compras en los mercadillos próximos al lugar en donde vives?

Para mejorar una relación lo primero que tendremos que hacer es pararnos a observar con quién o con qué nos relacionamos. Nuestro trato con los alimentos no es una excepción. Pero, frecuentemente, comemos sin prestar atención a lo que nos llevamos a la boca, sea porque estamos pensando en otra cosa, o viendo la televisión, etc. Y esta manera automática de comer propicia que ingiramos cualquier cosa sin ser conscientes de su calidad y también propicia que comamos más de lo que necesitamos.

Si te encuentras en una situación en la que tienes que pedir algo a alguien, o por el contrario, le tienes que negar algo, creo que te pueden venir bien las siguientes reflexiones para que consigas lo que pretendes.

En todas las familias se dan algunas repeticiones en la comunicación entre sus miembros (sobre todo entre generaciones diferentes), estableciéndose un toma y daca que parece no tener fin y que puede volverse muy rígido.

Me propongo señalar algunas características comunes entre la relación de un niño y la persona que lo cuida y las relaciones de amor entre adultos. O dicho de otra manera, señalaré que algunas necesidades básicas perduran toda la vida.

Cuidar demasiado a nuestros hijos puede resultar muy peligroso. El estar al quite de cualquier necesidad que muestren para resolverla al instante les transmite lo mucho que los queremos, lo mucho que nos importan; pero también les decimos sutilmente que son unos inútiles, que son incapaces de resolver sus propios problemas.

Cuando comenzamos a prestar una mayor atención a nuestro cuerpo observamos que la mente no deja de encontrar múltiples motivos para distraerse. Y una de las maneras preferidas de permanecer alejada del momento presente es juzgando lo que ocurre como inadecuado, como que no es lo que esperaba, o deseaba.

Habitualmente pensamos que las emociones que sentimos provocan cambios en nuestro cuerpo: cambios fisiológicos, posturales, gestuales. Pero hace ya bastante tiempo (1884) que el psicólogo William James lo planteó a la inversa y dijo que la percepción del cambio corporal que provocan ciertas situaciones es lo que lleva a la experiencia emocional. Según la manera de verlo habitual diríamos que lloramos porque estamos tristes. Según William James, estamos tristes porque lloramos.

¡Con qué pasmosa frecuencia estamos en las nubes! (o en la higuera, si prefieres un medio más terrestre para estar distraído). Y comemos sin saber lo que nos llevamos a la boca; y charlamos sin enterarnos de lo que nos dicen…

Unos minutos antes de que llegue mi cliente, procuro tranquilizarme caminando lentamente de un lado a otro de mi pequeño despacho. Observo el movimiento de mis piernas, el cómo se apoyan mis pies; y me voy tranquilizando; y trato de generar en mi pecho sentimientos cálidos hacia esa persona a la que recibiré en breve, aunque no la conozca.